1.8.14

Sobre mi obsesión con las necrópolis

Es la solemnidad de sus calles laberínticas
O el arte de mármol inmortal.

Miles de historias encerradas entre paredes
Para siempre
Prisioneras de algún lugar.

Famosos e infames
En eterno descanso
En vecindad.

No es la muerte lo que me llama
Son las vidas
Que vivieron.

Y no es el morbo fascinante lo que me atrae
Ni una obsesión con los cuerpos inanimados.
Es la paz.

Caminar entre los olvidados
Es recordarlos
Traerlos devuelta a la vida.

Inhalar y exhalar muerte y sopor
Entre pobres diablos escondidos
Me hace sentir más viva que nunca.

Las necrópolis son ciudades abandonadas
En donde fantasmas se esconden entre mausoleos, criptas y cenotafios
Susurrándome sus secretos.

Los cementerios están construídos sobre el respeto inquebrantable
Se sostienen en la meditación más profunda 
Y guardan el más sagrado y perfecto silencio.

3.7.14

Cálculos y recálculos

Me tiembla el cuerpo como cuando en esos exámenes de matemática del colegio el resultado daba un número ridículo.
Un número que se reía de mí en mi cara, que parecía decirme "no sabes de mi ni me entendes".
Sabía que ese resultado incorrecto era tan solo el paso final al que había llegado después de una serie de elecciones.
¿Qué mala decisión arruinó todo? Ni idea. Simplemente se fueron acumulando.
Y cuando sentada en el banco de colegio me daba cuenta de esto, el terror se reía a carcajadas y corría por mi sangre, por mi ser entero. 
Miraba fijo al vacío, sin encontrar respuesta ni solución. 
No podía seguir con el examen pero tampoco podía corregir lo que estaba mal.
Solo sentía vértigo. Vértigo por estar ahí en ese momento, agujas corriendo, tiempo pisándome los talones, riéndose de mí al lado del terror y de ese número infame sin sentido.
Sabía que aprobar o no dependía enteramente de mí y de mi decisión; entonces miraba al vacío con más intensidad y unas cosquillas me recorrían la espalda. 
Me daba placer físico sentir la presión. Dejar que se metiera adentro mío como un demonio, que me electrizara hasta el último poro de la piel.
Solo después, podía volver al cálculo.
No buscaba el error, porque nunca lo encontraba. Simplemente empezaba desde cero.

Quizás vos y yo deberíamos hacer lo mismo, ¿no te parece?

13.6.14

Aparecé

Miro el punto exacto en el mapa
Quizás, en una de esas,
Apareces. 

En mi mente, todo se ve claro. 
Después pruebo cerrar los ojos
Quizás, sí lo hago con suficiente fuerza,
Apareces. 

En otra vida, el destino no fue tan cruel.
Ahora, se tiraron los dados y salió cualquier cosa.

Vos y yo
No nos tendríamos que haber conocido.

Vos y yo
No significa nada.

Vos y yo
Somos piedras en erosión.
Barras de hielo en verano.
Cajitas musicales a cuerda.

Un niño con tarea de matemática 
Que hace sumas restas y divisiones
Pero no le dan los resultados.

Una vieja de barrio
Sin compras del supermercado
Porque no llega a fin de mes. 
Eso somos. 

Vos 
Tan perfecto en mis recuerdos

Y yo
Un tren que no para en tu estación. 

7.6.14

Algo resplandece en silencio

Solo tengo dos recuerdos previos a este libro: primero, mi abuela leyéndomelo al pie de mi cama, y los dibujos de una boa abierta y una cerrada. Dos: un acto de colegio, yo disfrazada con una capa azul con estrellas en los hombros, tratando de recordar la letra en francés, y entrar en pánico porque la maestra me tenía que soplar desde atrás del telón. Lo esencial es invisible a los ojos, me dijo el zorro, repetí yo, en escena. Y seguí repitiendo hasta este día, en que volví a leer El Principito y fue como si un túnel luminoso se abriera frente a mis ojos.

Este es, para mí, el paisaje más bello y más triste del mundo. Es un paisaje distinto cada vez, pero en el fondo siempre es el mismo. Estoy tirada en una cama, un sillón, un asiento de transporte público y una lágrima se me escapa sin que llegue siquiera a pestañar.  

Solo se ve bien con el corazón. Aquel zorro tenía razón: también es la única forma de sentir lo que leemos. Hay que dejar el alma con cada lectura y con cada página. Leer por el placer de leer, no para coleccionar títulos en nuestra lista de leídos. Empieza por dejar que tu corazón te ilumine una tapa, un nombre, un autor. Uno no busca a los libros, los libros lo encuentran a uno. Me compro muchos y los tengo apilados en mi biblioteca, al alcance de mi mano, para que el día que me llamen sean unos pocos pasos los que nos separen. Como dijo un grande: Tiene que haber algo en los libros, cosas que no podemos imaginar, para hacer que una mujer permanezca en una casa que arde. 

El tiempo que tú perdiste por tu rosa es lo que hace que tu rosa sea tan importante. Eso es lo esencial, eso tenemos que entender y así calmar nuestras penas. De alguna manera, me reconforta pensarlo así. Y como dijo otro grande, el silencio no es tiempo perdido.

Gracias, Antoine de Sainte Exupéry, porque gracias a vos en mi cabeza habrá por siempre un niño que no responde cuando se le pregunta, de la misma forma que el universo permanece callado cuando le pedimos respuestas; y que al mismo tiempo hace preguntas incesantemente, igual que mi cabeza.

Hoy domestiqué otro libro. Creé un lazo con él y ahora los niños de cabellos de oro idénticos a mi hermanito son aún más agradables que antes.

Se me ocurre que quizás sea hora de volver a casa, tal como El Principito volvió a su planeta. Tengo que deshollinar mis volcanes, tengo que cuidar de mi rosa, y mirar una infinidad de atardeceres. En realidad, desde que me fui que estoy preparando mi corazón para volver. Me fui con miedo de que las cosas cambien, pero en el fondo, les cuento un secreto: quiero volver y que las cosas hayan cambiado. Me voy a las cuatro de la tarde, y hoy son las tres. Ya comienzo a ser feliz.  

30.5.14

Puro vértigo

Mordí el anzuelo
Y llegué hasta el cielo.

Tiré una piedra al aire,
Pedí un deseo:
Que esta rayuela no tenga fin.

Minutos robados y horas compartidas
Imaginarnos, para no olvidar.

Borré todo el pasado
Pero no te quiero borrar.

Eventualmente recordaré todo
Y no te voy a olvidar. 

No hay punto de retorno,
La caja ya está abierta.

Miro para atrás 
Me persigue una nube.

La meta es mi pesadilla
El camino fue mi sueño.

Estoy en caída libre
Pero el vértigo se siente bien.

28.3.14

Excesos compartidos

Un temblor blanco
Que aparece entre lo oscuro.
Eso sos.
Para mí.


El agua que se drena
Y el filtro con lo que queda
Eso me dejas.
Acá.


Un puñado de piezas de relojería
Que buscan dar la hora
Eso quiero ser.
Para vos.


Estos susurros invisibles
Que hacen cosquillas al oído.
Te comparto mis pecados
Para hacerlos más livianos.


Delirios de medianoche
Y excesos tan perfectos.
¿Su magia?
Es un secreto.

27.3.14

Haikus 4 y prólogo al respecto

En el colegio una profesora de lengua y literatura que no me quería nos hizo escribir Haikus. El Haiku es un tipo de micro- poesía japonesa compuesta por 3 versos, de 5,7 y 5 sílabas cada uno. 
En su momento hice un collage de frases de canciones y la profesora no me acusó de plagio pero si de inentendible (eran letras de Cerati). 
Ahora, por una de esas cosas del destino (que ya sabemos todos, es una perra cambiante) me sale escribir haikus en todo momento. Me caen las palabras y los versos ya separados en sílabas. 

1.
Esto es mi intento
Triste pero sincero
De redimirme. 

2.
La sed me mata
Estoy en el desierto
Veo espejísmos.

3.
No me busques más 
No te quiero en mi mundo
Me vas a encontrar.

4.
Con esta nausea
Que todo lo destruye
No hay esperanza.

5.
En mis vísceras
Siento tu regocijo
Por qué no me ves?

6.
Préstame atención.
Yo no quiero entretener:
Es pan y circo.

7.
Te quiero gritar: 
Perdete y no me busques!
Pero no me oís.

8.
Sonidos mudos
Y promesas perdidas
Hay en mis manos.

9.
Esa luz de Dios
Se filtra entre las hojas
Sólo en otoño.

10.
Y bailabamos 
No queríamos sentir
Música real.

11.
La creatividad 
Vidas falsas reales
Don imposible. 

12.
Un mar de aire 
Sensibles las ánimas
En los cajones.

13.
Sí amar es sufrir
Es necesario este
Dolor por dolor?

14.
No me jodas más
El miedo nos impulsa
A ser o no ser.

15.
Vivir sin pensar 
"Ignorancia es bendición"
Eso creías.

16.
Cubrí mi rostro
Ayer me sentí linda
Hoy me avergüenzo.

17.
Una víctima 
Eso te gustaría
Usar de excusa.

18.
Nos dimos cuenta
Lo bueno se hace esperar
No voy a hacerlo. 

25.3.14

Una milonga en mi cabeza

No sé bailar tango, nunca tomé clases y creo que si tomara haría papelones. Pero escucho el bandoneón y la piel se me eriza. Se me revuelven los intestinos y me dan ganas de moverme, de sacudir el polvo que se me acumula de tanto pensar y poco hacer.

Nunca entendí por qué todos los hombres de época tenían el mismo tono de voz. Ese bajo que vibra con cada nota, que se desgarra el alma en las palabras que pronuncia.

Mis ojos se pierden viendo piernas enredándose en otras. Esa perfección del tiempo y el espacio, milimétricamente pautada, que hipnotiza. Esa sensualidad tan sutil y esos roces tan cómplices.

El dúo por excelencia.

¿Cuánto se debe amar a una ciudad para dedicarle una canción?

Mi Buenos Aires querido… no pensé que extrañarte así fuera posible.